Ilustraciones – MELPPO

    Me encanta jugar con texto e imágenes. Es un placer colaborar con los escritores para ilustrar sus textos. Algunos de estos trabajos se han expuesto en "El Centro de Arte joven de la Comunidad de Madrid" y en el festival LOOP de Barcelona.


    Ilustración 1 inspirada en: “Afirmamos la forma porque no aprehendemos la sutileza del movimiento absoluto” Nietzsche

    Poesía visual
    Ilustración 2 inspirada en: The transit area becomes home and home is being the transit area


    Ilustración 3 inspirada en:
    “No soy consciente de mis ojos
    porque los sienta,
    como tampoco siento ni hombro ni codo;
    o porque llore,
    también mi alma a veces llora.
    Y ni mucho menos soy consciente de mis ojos
    porque te vea,
    que también te veo con los ojos cerrados.

    Soy consciente de mis ojos
    porque en ellos reside mi empeño
    cuando no encuentro palabras
    o miedo tengo de usarlas.
    Soy conscientes de mis ojos
    porque están conectados a mi lengua
    y siento en ellos el dolor
    que me provoca mordérmela.

    También soy consciente de mis ojos
    porque esas palabras nunca dichas
    se esconden bajo los párpados
    inquietas, para no ser descubiertas.
    [he ahí el pestañeo nervioso]

    Cuando ocurre todo esto
    siento que mi mirada estalla…”

    Sofía Baltasar


    Ilustración 4 inspirada en:
    Cerca de las cinco de la madrugada, cogí un libro de geografía con la esperanza de morirme de aburrimiento y así poder dormir un poco. Estoy segura de que la geografía es apasionante para quienes tienen algún sentido de la orientación, no para mí, que el sol sale o se esconde por donde menos espero. Vico me prestó un libro de Julian Barnes titulado “Mirando al sol”, que resultó ser la clase de brújula que una chica como yo debía tener siempre a mano, cuando el despiste es más bien interior, y a ningún lugar de interés permite llegar los mapas y enciclopedias. “Nacer mujer es nacer zurda y que te obliguen a escribir con la derecha, no es de extrañar, por tanto, que hagamos garabatos”, decía Rachel en el libro. Frases de índole parecida, incluso párrafos enteros del libro tuve que resaltar con rotulador rojo. Estaba entusiasmada descubriendo la facilidad con que alguien podía poner palabras a todo lo que a mi me resultaba tan complicado manifestar. Tuve que comprar otro ejemplar para devolver a Vico, al que incluí algunas fotos mías, de cuando era pequeña, metidas entre sus mejores páginas. Dada su falta de remilgos y mis obsesiones, no albergué la menor duda de que le habría gustado conocerme por esa época.

    Había pocos libros en casa y, en las historias de los pocos que había, las chicas ocupaban un lugar secundario; excepto al término de la misma, momento en que sólo constituían el trofeo del protagonista. Dejé de leer esta clase de novelas cuando las historias comenzaron a repetirse, creyendo ingenuamente que las aventuras literarias ya no eran cosa para mí. Con el tiempo, un malentendido me liberó de tan estúpida creencia, siempre hay un autor adecuado por cada talla intelectual y por entonces yo venía usando la superpequeña, la hoy conocida como XS.

    Con los libros pasa igual que con las personas, hay algunos de los que no se puede prescindir y otros de los que más vale distanciarse. Aunque la publicidad sea necesaria, a veces nos comportamos con ella como las madres que malcrían a sus hijos dándoles todo lo que piden, con tal de que se callen. Comprar un libro mimado por la publicidad significa excluir otro mejor que permanece silencioso en una estantería. No me llevo mal con la literatura de consumo, pero no puedo vivir sin la otra. Disfruto un montón leyendo a autores que no se inventan mentiras en torno a su obra (ya tienen bastante con inventar una historia). La mayoría de ellos están muertos o hablan lo justo, y quizás ese detalle sea determinante a la hora de enjuiciar su escritura. He de decir sin embargo que pocos críos tienen la suerte que tuve yo de contar con una profesora de literatura, capaz de adivinar el libro más apropiado para cada uno de sus alumnos, que por entonces tampoco todos teníamos la misma talla. También nos daba clases de teatro adjudicando a cada cual el papel que mejor se adaptaba a sus condiciones. Lo pasábamos tan genial como leyendo el libro que nos había aconsejado. Mi espíritu aventurero congeniaba bien con el de autores como Jack London y, al sentimentalismo que padecía desde mi más tierna infancia, le vino como anillo al dedo un relato de Stefan Zweig titulado “Carta de una desconocida”. Con el que lloré tanto o más que cuando mis tíos se llevaron a mi hermano mayor de vacaciones, dejándome a mí y al pequeño a cargo de mi madre. El sentimentalismo tiene fama de pertenecer al género femenino en su mayor parte; mi hermano dio buena muestra de ello quedándose tan ancho, mientras yo me enrabietaba a más no poder. Hacia donde me llevan los sentimientos aún no lo sé, supongo que lo sabré cuando tenga tiempo para ponerme a indagar dónde han ido a parar muchos de mis sueños.

    Fragmento de Los Principios de Antigua — Mercedes López

    Ilustración buscando un titulo
    Buscando un título
    Ilustración 5 inspirada en: Perdido como sujeto individual y colectivo, sin capacidad de acción ni de lucha, sin referentes, en una sociedad esquizofrénica alejada de la temporalidad y de la realidad misma… buscando un título.